Nos pasa a menudo: llega alguien que lleva un año tratándose cada quince días en otro sitio, sin acabar de mejorar nunca. Aquí no trabajamos así. Si podemos ayudarte, te ayudamos. Si vemos que lo tuyo lo lleva mejor otra compañera, te lo decimos. Y si creemos que ya no necesitas venir, te damos el alta. Sin bonos, sin paquetes cerrados y sin sesiones de más.
El nombre del centro viene de ahí. Salió mientras Lucía se formaba en alteraciones posturales y viscerales, dos disciplinas que insisten en lo mismo: que el cuerpo funciona como un conjunto. De ahí el Hombre de Vitruvio del logo, y de ahí la idea de montar un espacio donde trabajar ese equilibrio desde varios sitios a la vez — la terapia manual, el ejercicio y también el acompañamiento psicológico.
Desde 2013 buscamos el origen del problema, no solo apagar el síntoma. Y trabajamos en salas con puerta, no en boxes con cortina, porque para contarnos lo que te pasa necesitas estar tranquila.
Si miras nuestras reseñas verás que se repiten dos cosas: que somos profesionales y que se sienten bien tratados. Las dos nos importan igual.